¿QUÉ ES EL SCAMPER?
Es una técnica que favorece la generación de ideas a partir del planteamiento de un mecanismo tan sencillo y tan potente en el ámbito educativo como la pregunta.
¿Para qué el SCAMPER?
El SCAMPER estimula un aprendizaje constructivo.
La aplicación sobre un poema o un cuento ayuda a desarrollar la Competencia en comunicación lingüística y su uso sobre trabajos como una pintura, un póster publicitario, una canción o un baile tradicional, nos conduce directamente hacia la Competencia Cultural y artística.
Mi grupo de trabajo y yo hemos elegido el cuento de Hansel y Gretel.
Y la a versión que hemos hecho ha sido la siguiente:
HUGO Y GABRIELA
Érase una vez, una enorme aldea, donde vivía un pobre pescador, con sus dos hijos y la madrastra.
El niño se llamaba Hugo y la niña Gabriela. La familia siempre había sido muy pobre, pero cuando una terrible hambruna azotó la región, se quedaron sin nada que comer.
Una fría noche, el pescador, daba vueltas entre las sábanas, suspiró y le dijo a su mujer:
- ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo vamos a alimentar a nuestros hijos cuando ni si quiera tenemos suficiente para nosotros?
- Te propongo una cosa – dijo la madrastra. - Mañana temprano, cuando vayas a trabajar, podría cocinarlos, así nos libraremos de ellos.
- ¿Cómo voy a hacerle eso a mis hijos? – dijo él.
- Qué más da, si tarde o temprano moriremos de hambre…
El padre, preocupado, se quedó esperando a que su mujer se durmiera y así avisar a sus hijos para que huyeran a la isla más lejana.
Por la mañana cogieron una barca, para llegar hasta la isla de la que su padre les había hablado. Mientras se alejaban de su casa, vieron como la luna brillaba intensamente sobre el inmenso mar.
Una vez llegados a la isla, muy cansados después del largo viaje, sólo pensaban en encontrar algún lugar para dormir.
Después de mucho caminar, vieron una brillante luz a lo lejos, y decidieron dirigirse hacia allí, cuando llegaron, encontraron una casa enorme, toda cubierta de ricas frutas de muchísimos colores.
-¡Mira! – dijo Hugo - . ¡Un banquete! Voy a comerme un trozo de tejado, tú puedes probar la ventana.
Hugo se estiró y arrancó un pedacito de tejado, mientras que Gabriela se acercó a las ventanas para saborearlas. Entonces una débil voz salió de la gran casa.
-Crick, crick, crick. ¿Qué cruje, quién roe? ¿Quién mi casita se come?
Los niños contestaron:
Es el viento, sólo el viento, el viento que viene del cielo.
Siguieron comiendo, Hugo arrancó otro gran trozo del tejado mientras que Gabriela desprendió todas las naranjas que había en las ventanas, y se sentaron cómodamente a disfrutarlo.
Desde otra ventana los observaban, y de pronto se abrió la puerta, y salió una anciana apoyada en un bastón. Hugo y Gabriela se asustaron tanto que dejaron caer todas las ricas frutas que tenían en las manos.
-¡Pequeños! – dijo la anciana, meneando la cabeza -. ¿Cómo llegaron hasta aquí? Pasen y quédense aquí conmigo, yo les cuidaré, les alimentaré y nadie les hará daño.
Hugo y Gabriela cogieron a la anciana de la mano y se metieron en la casa. Como la anciana les había dicho, durante días tuvieron encima de la mesa muchos tipos de fruta y grandes cantidades de comida, así como dos pequeñas camitas donde dormir durante la noche.
Mientras, en la aldea, la madrastra muy enfadada porque no pudo cocinarlos, decidió ir en busca de ellos en contra de su marido, el cual tenía miedo a que los encontrase y se los comiese.
Tras una larga búsqueda la madrastra encontró la isla y la casa donde los hermanos estaban; y llamó a la puerta de la casa de frutas muy enfadada. Los niños, asustados al ver que estaba ahí, se escondieron debajo de las camitas.
La madrastra entró a la casa y los intentó engañar diciendo:
-Niños, ¿por qué os escondéis? Vuestro padre os echa de menos. Salid de donde estéis para que volvamos a casa.
Como los niños estaban muy asustados y no salían de debajo de las camitas, la mujer empezó a buscarlos por su cuenta, y comenzó a abrir todas las puertas de los armarios de la cocina. Cuando abrió el horno, los niños aprovecharon y corrieron para empujarla y encerrarla dentro y encendieron el horno.
Cuando llegó la anciana, los niños muy nerviosos, le contaron lo que había sucedido, y ésta decidió que lo mejor era que lo mejor era que volviesen a casa. Para el viaje les dio una gran cesta de frutas y semillas para cultivar, y así que nunca más pasaran hambre.
Tras el viaje, entraron corriendo a su casa para darle un gran abrazo a su padre, quien no había tenido un momento de tranquilidad desde que se fueron.
Los niños muy contentos le enseñaron a su padre lo que la anciana les había regalado, y vivieron los tres juntos muy felices para siempre.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Nosotras hemos modificado el cuento a nuestro gusto, cambiando las chuches por fruta porque nos parecía más saludable, la anciana se convierte en buena y la madrastra en la mala, siendo ésta la que acaba en el horno.
El formato que hemos elegido ha sido una casa y como se aprecia en la imagen cada ventana tiene una ilustración y a través de ellas se va contando la historia.

